Raúl del Toro Sola.
Profesor de órgano del Conservatorio Superior de Música de Navarra

(Publicado originalmente en la Revista Peregrino, nº 117-118)

Órganos en el Camino de Santiago


No poco tienen en común el órgano y el Camino de Santiago. Ambos son elementos genuinos de la Cristiandad occidental europea, ambos encuentran su razón originaria en el oriente mediterráneo, y ambos comenzaron su florecer alrededor de la misma centuria: cuando el ermitaño Pelayo y el obispo Teodomiro hallaron la tumba del apóstol en el bosque Libredón, el sonido del órgano llevaba sólo unas pocas décadas sonando en Europa después de siglos de silencio.


Actualmente podemos apreciar un abundante patrimonio organístico en los enclaves del Camino. En la colegiata de Roncesvalles, una de las puertas de entrada del camino en España, encontramos un órgano de mediados de los años noventa del siglo pasado en el que subsiste la tubería del órgano anterior, construido por  los hermanos Roqués en 1914. Ya en la ciudad de Pamplona, en el más jacobeo de sus templos, la iglesia antiguamente llamada de Santiago, regentada por los Padres Dominicos, se halla un instrumento de estilo barroco alojado en una imponente caja del mismo estilo, que atrae la atención del visitante nada más cruzar el umbral del templo. Todavía dentro del antiguo reino de Navarra, en la muy jacobea localidad de Puente la Reina, y justo al lado del puente románico por el que han pasado los peregrinos durante siglos, se yergue la iglesia de San Pedro, que contiene un pequeño órgano barroco construido en Pamplona por Ramón de Tarazona en 1762. Poco más adelante, dos pequeños pueblos vecinos, Mañeru y Cirauqui, presentan sendos órganos románticos de notable calidad, construidos respectivamente por los hermanos Roqués en 1892, el primero, y por los hermanos Inchaurbe en 1905, el segundo. En el resto del camino navarro, llamará nuestra atención sobre todo la espectacular caja del órgano de Los Arcos, obra de Don Diego de Camporredondo, escultor, arquitecto y santero, vecino de la ciudad de Tarazona.


Ya en La Rioja, encontramos en la concatedral de Santa María de La Redonda de Logroño un órgano de tres teclados manuales y pedalero construido en el taller de Federico Acitores en 1995 y alojado en la vieja caja rococó. Más adelante en el Camino, al pie de la Sierra de la Demanda, se halla el Monasterio de Yuso de San Millán de la Cogolla. Lugar sin duda relevante, donde se escribieron las primeras frases conocidas en castellano, se redactó la primera regla monástica española, y donde Gonzalo de Berceo, allá por el siglo XIII, compusiera los primeros poemas en lengua española. Bajo sus bóvedas sigue sonando un órgano de estilo barroco, obra del organero riojano Esteban de San Juan en 1768.


En Castilla-León  el número de órganos existentes es realmente elevadísimo. Se ha llegado a decir que es la región del mundo con más órganos por habitante. Nada más entrar en la provincia de Burgos, encontramos en el monasterio de Santa Clara de Belorado un esbelto órgano barroco construido en Logroño por Manuel Antonio de San Juan en 1779. Ya en la ciudad de Burgos, sólo en la catedral suenan nada menos que cuatro órganos. Además del tipo de órgano barroco tan frecuente en la región, se conservan en la ciudad varios instrumentos de buena factura romántica. Entre ellos, un órgano Cavaillé-Coll/Mutin en la iglesia de La Merced, recientemente restaurado. Todavía dentro de la provincia, atravesaremos un lugar de enorme relevancia organística: Castrojeriz, que vio nacer en 1510, en lo que entonces era uno de sus barrios, Castrillo de Matajudíos, a una de las figuras más relevantes de la música de tecla de todos los siglos: Antonio de Cabezón.


En la provincia de Palencia, encontramos en la iglesia de San Pedro de Frómista un órgano construido en 1788 por Antonio Martínez. Algo más adelante en el camino, en Villalcázar de Sirga, se conserva un pequeño órgano realejo construido por José Otorel en 1844 para la ermita de la Virgen del Río, pero que hoy se conserva en la iglesia de Santa María. El enclave organístico más importante de la Palencia jacobea es Carrión de los Condes. En el Real Monasterio de Santa Clara  de esta localidad hay un órgano en el coro bajo, obra del siglo XVIII, y un órgano realejo instalado en el museo del monasterio; el de la iglesia de Santa María es  obra de Otorel y Juan Arconada; en el Monasterio de San Zoilo hay un órgano de 1716. El mayor de todos los órganos de Carrión, y el más destacado por sus características es el de la parroquia de San Andrés. Su constructor fue Juan Francisco de Toledo, en 1766. En el año 2000 fue objeto de una reforma a cargo del taller de los hermanos Desmottes. En tal ocasión se añadieron elementos que posibilitan la interpretación de un repertorio más amplio que el estrictamente propio de los órganos barrocos españoles. La práctica totalidad de los órganos barrocos a que estamos haciendo referencia pertenecen a este estilo, y se caracterizan, entre otras cosas, por no disponer de teclado completo de pedales. El hecho de que el órgano de San Andrés de Carrión sí disponga de él permite la interpretación, por ejemplo, del repertorio barroco alemán (J.S. Bach, D. Buxtehude, etc.)


Entre los enclaves jacobeos de la provincia de León, son tres los instrumentos que merecen especial mención desde el punto de vista organístico. Primeramente, el ejemplar barroco de la parroquia de Santa Marina la Real, en la capital. Obra del famoso organero Pedro de Liborna Echevarría, consta de dos teclados manuales, cosa no del todo frecuente en los órganos barrocos españoles. La catedral de Astorga conserva un órgano de tres teclados construido por Juan de Amezua en 1877. Finalmente, el órgano de la colegiata de Villafranca del Bierzo, construido por un anónimo organero lucense en la primera mitad del siglo XIX, todavía en la más genuina tradición del órgano clásico español.


Una vez que hemos arribado a tierras gallegas, el núcleo organístico fundamental es Santiago de Compostela. Entre los testimonios organísticos más antiguos conservados destaca el monumental conjunto que forman las dos grandes cajas barrocas del monasterio de San Martín Pinario. Desgraciadamente han desaparecido los órganos que contuvieron en otro tiempo, y que habían sido construidos, al parecer, por el organero Fray Manuel Rodríguez Carvajal en la primera mitad del siglo XVIII. En todo caso, las dos cajas, exuberantes en su decoración y enfrentadas según la tradición ibérica, constituyen todo un espectáculo visual al que se suma  la sillería del coro bajo y el grandioso retablo mayor.


Muy cerca de la catedral, en el monasterio benedictino de Sampayo de Antealtares, y protegido por las rejas de la clausura, suena un órgano construido por Alberto de la Peña en 1782. Se trata de un instrumento del último barroco, de dos teclados manuales alojado en una caja neoclásica coronada, como suele ser habitual, por una representación del Espíritu Santo en forma de paloma.

En la catedral encuentra el peregrino al final de su periplo dos impresionantes cajas barrocas del primer tercio del siglo XVIII, realizadas por el escultor Miguel de Romay y el pintor Francisco Sánchez. Al igual que las de San Martín Pinario, se encuentran enfrentadas, según la tradición ibérica. En su interior suena un órgano construido en 1977 por la casa italiana Mascioni. Los tubos alojados en las dos cajas, que en su origen albergaron dos instrumentos diferentes, actualmente constituyen uno solo, manejado desde una consola oculta en el triforio, sobre el crucero, en el lado de la epístola. Este gran órgano de la catedral de Santiago es el encargado de poner broche final al camino, cuando el peregrino escucha surgir de la multitud atronadora de sus caños el impresionante Himno al Apóstol Santiago que compuso Manuel Soler,  mientras la nube de incienso se eleva entre los muros del transepto exhalada por el vuelo del botafumeiro, que parece pugnar por remontar las bóvedas y llegar allí donde según Santo Tomás de Aquino es transportado el espíritu del hombre por medio del sonido del órgano: in celsitudinem.