25 años de la muerte Maurice Duruflé (1902-1986)

durufle maurice 01El próximo día 16 de junio se cumple el 25º aniversario de la muerte del compositor francés Maurice Duruflé. Con motivo de dicho aniversario, tendrá lugar en París un homenaje a este compositor y organista.

El lugar elegido es l’Église de l’Étoile de Paris, dado que fue allí donde Duruflé obtuvo el premio de interpretación e improvisación convocado por la asociación Les Amis de l’Orgue, el 10 de junio de 1929.

La obra para órgano de Duruflé no es abundante, pero sí de altísima calidad e inspiración, cuidada hasta los últimos detalles. Duruflé fue un virtuoso concertista de órgano, además de un compositor consagrado sobre todo por su Réquiem, intepretado varias veces en Pamplona en su versión para coro y órgano. Pero fue ante todo un convencido y vocacional organista litúrgico, faceta que desarrolló magistralmente desde la tribuna del gran órgano de Saint-Étienne du Mont, en Paris.

Duruflé se caracterizó por un gran amor al canto gregoriano, que utilizó en sus obras con una sabiduría y una inspiración como pocos compositores. Buen ejemplo de ello son su citado Réquiem, sus cuatro motetes para coro, el Preludio al Introito de la Misa de la Epifanía, o el Preludio, Adagio y Coral Variado sobre el himno “Veni Creator” (para las vísperas de Pentecostés).

Citamos a continuación algunas frases suyas al respecto, pronunciadas dentro del contexto de las reformas litúrgico-musicales de los años 60 -70 del pasado siglo:

“El canto gregoriano ha llevado al canto litúrgico a una perfección tal, que su desaparición sería una catástrofe en el orden de la cultura cristiana.”

“Pretender separar el canto gregoriano de la liturgia católica es mutilarlo. Su carácter de universalidad lleva en sí mismo uno de los aspectos de la unidad de la Iglesia.”

“Quizá no esté lejos el día en que la Iglesia Católica, consciente de los excesos que se le han impuesto y por los que ha sufrido, celebrará con un inmenso Te Deum el retorno triunfal de su canto litúrgico de siempre, sublime en su simplicidad, música de todos los tiempos, que fue creado a principios del siglo VII por San Gregorio Magno y por autores anónimos sólo para la gloria de Dios”.