Las sonatas para órgano y viola de gamba de J.S. Bach, en Larraga

Raúl del Toro (órgano) y Lixsania Fernández (viola de gamba) interpretarán el sábado 27 de agosto las sonatas BWV 1027, BWV 1028 y BWV 1029 en lo que constituye toda una novedad en el Ciclo de Música para Órgano en Navarra. Sin duda, los lectores más conocedores del repertorio se habrán sorprendido al ver el titular, puesto que en estas sonatas es el clave y no el órgano el instrumento de tecla demandado por las partituras en uso. 

Así son interpretadas casi siempre, y muy posiblemente esta fue la instrumentación predominante en sus primeras interpretaciones, allá por el primer cuarto del siglo XVIII. El concierto del día 27 pretende ofrecer otro ángulo de visión sobre estas piezas que, por otra parte, y al igual que una gran parte del repertorio de J.S. Bach, se resisten al encasillamiento en categorías de instrumentación cerradas, tan propio del pensamiento moderno.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que en Bach el concepto musical precedía muy frecuentemente a la elección de los instrumentos para su materialización sonora. Esto se ve con mucha claridad al considerar la extrema facilidad con que Bach reescribía la misma pieza para ocasiones y agrupaciones instrumentales diferentes.

En el caso de las tres sonatas que se escucharán en Larraga, muchos de sus movimientos responden más o menos de cerca al tipo de escritura llamado “sonata en trío”, esto es: textura de tres voces, dos agudas y un bajo. Una vez creada la música, resulta un segundo paso de menor trascendencia el que ésta sea interpretada por tres instrumentos (dos agudos y uno grave), o por un instrumento melódico y uno de teclado encargado de las dos voces restantes, o incluso por un único instrumento de teclado, como es el caso de los tríos para órgano, en los que cada una de las manos se hace cargo de una de las voces agudas, en teclados diferentes, mientras el teclado de pedales asume la parte del bajo. El estudio atento de la obra de Bach muestra la gran cantidad de ocasiones en que este intercambio de instrumentación se produjo. Sin ir más lejos, la primera de las sonatas que se interpretarán en Larraga conoció su primera versión en forma de sonata para dos flautas y bajo continuo, siendo la sonata 1027 una mera transcripción para viola de gamba y clave. 

Existen también, no obstante, ciertos pasajes en las otras dos sonatas en que la escritura se manifiesta más vinculada al idioma propio de los instrumentos de teclado. Conviene aquí recordar que la distinción actual entre los distintos instrumentos de teclado en cuanto al repertorio a ellos destinado es mucho más nítida actualmente que en el Barroco. El término Clavier designaba en alemán a todos los instrumentos de teclado sin distinción. Por otra parte, se da una distinción en la palabra Cembalo, que venía a designar todos los instrumentos de teclado domésticos respecto al instrumento público y cultual, que era el órgano. En tiempos recientes se ha dado una notable confusión terminológica en este punto, siendo la más conocida de todas la errónea traducción de Das wohltemperierte klavier por El clave bien temperado, en lugar de “el teclado bien temperado”, que resultaría bastante más fiel al original. Cosa distinta es que ciertas piezas o pasajes concretos revelen una adscripción más concreta a un instrumento, por el tipo de escritura o por el ámbito del teclado requerido.

Estas tres sonatas de J. S. Bach se verán acompañadas en Larraga, a modo de interludios contrastantes, con diversas piezas del organista y compositor tudelano del siglo XVII Jusepe Ximénez, y del guipuzcoano Fray Joseph de Larrañaga.