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SALOMEA SLOBODIAN.- Lesaka es uno de esos pueblos navarros que se levantaron alrededor de sus iglesias. Entre las casas blancas, por los puentecillos del río Onín, sus caminos tienden hacia arriba, hasta la catedralicia parroquia de San Martín de Tours, una de las más monumentales en Navarra. Allí, en lo alto, en la penumbra gótico-barroca, se encuentra el órgano, construido en la época del Romanticismo. El instrumento goza con justicia de un lugar privilegiado, dado que Lesaka es un pueblo que se desarrolló en una complicidad íntima con su gigante de tubos.


Teclado del órgano de la parroquia de San Martín de Tours, Lesaka. SALOMEA SLOBODIAN


Organista José Luis Echechipía explica el funcionamiento del órgano. SALOMEA SLOBODIAN

El órgano, escondido en la penumbra, bajo la bóveda, es siempre una sorpresa para el que se acerca a conocerlo. SALOMEA SLOBODIAN

Por eso hoy en día Lesaka sigue siendo una de las localidades importantes para el Ciclo "Música para Órgano en Navarra", que, además de un concierto, ofreció en 2019 una colaboración con los colegios de la localidad, una visita guiada al órgano y una mesa redonda sobre el proyecto cultural en torno al órgano del pueblo. Todo ello, con un fin: rescatar esos esplendores que han trazado la historia de Lesaka unida a su órgano.

José Luis Echechipía, organista y director artístico del Ciclo "Música para Órgano en Navarra", ha sido uno de los testigos del deterioro de la cultura organística en los pueblos, que tradicionalmente eran sus centros de desarrollo, incluso con escuelas de organería propias, como es el caso de Lerín o Lesaka. En esta ocasión, su visita a esta localidad de las Cinco Villas del Bidasoa como ponente e intérprete del Ciclo le deja maravillado. En vez de sentirse como representante musical de algo externo a la vida del pueblo en la dinámica de “venir, tocar e irse”, Echechipía experimentó una acogida con mucho entusiasmo, interés y gratitud por parte de los lesakarras. “Desde hace unos años, mi línea como director artístico ―confiesa el músico― ha sido intentar establecer un contacto constante con la gente de los pueblos, por ejemplo, en forma de asociaciones; porque eso es lo que realmente hace que los proyectos como este puedan salir adelante y que se mantengan”. Y, como resultado de la relación constante entre la población y el órgano, se produce un crecimiento en la cultura de ese pueblo desde el conocimiento del patrimonio histórico artístico propio. El órgano se integra en la vida cotidiana del pueblo y la villa, por su parte, se desarrolla culturalmente, consciente y orgullosa de sus raíces musicales, que forman parte de su identidad.

“Más allá de un concierto ocasional, creo que la cultura es un componente social de primera categoría”, reflexiona Echechipía sobre la integración de la música para órgano en la cotidianeidad de Lesaka. El organista considera que se podrán conseguir muchos objetivos en cuanto a la conservación y desarrollo de la cultura organística si funciona también en adelante la labor de mantener dicha relación y el entusiasmo de la gente por ella. No obstante, aparte del objetivo, “el camino hacia él es igual o aún más importante, porque, en cierta manera, se consigue enriquecer la vida de una localidad”. Echechipía explica que toda esta actividad en torno al órgano de Lesaka forma parte de la memoria del pueblo, de sus recuerdos íntimos que se transmiten a la posteridad. Desarrollar esa actividad tanto con los niños como con los mayores conseguiría, según él, que “el órgano vuelva a ser un patrimonio artístico cultural que enlaza con las raíces del pueblo, cuyos habitantes aún recuerdan cómo de críos subían hasta la iglesia, iban a ver el órgano, veían respirar al fuelle e incluso les tocaba manejarlo… Y esto es una memoria compartida, forma parte de su historia”.

Aunque quede mucho trabajo todavía, el esfuerzo de las asociaciones navarras del órgano se ha visto reflejado en la reactivación de la inquietud y la apertura de Lesaka y sus alrededores hacia su patrimonio organístico. Y para Echechipía no es solo un aspecto meramente cultural. El músico contrasta la tendencia actual a la despoblación del ámbito rural y el abandono de los pueblos con el florecer de lugares como Lesaka en lo que respecta a su cultura, lo que considera una muestra de cómo la cultura es capaz de mantener la memoria y las raíces de una comunidad. Por eso el músico advierte que “difundir y fomentar el patrimonio organístico es una parte importante, pero también bastante superficial, porque detrás de aquello se esconde muchísimo más”. Precisamente, cuidar y sacar a la luz ese “algo” íntimo e identitario de un pueblo es lo que él pretende con su trabajo como organista.  Y es lo que, en parte, ya ha conseguido, porque su última visita a Lesaka le hizo afirmar con asombro: “Esta vez mis sueños se han hecho realidad viendo esta entrega de la gente del pueblo y de la comarca al órgano y a la música”.

Además de lesakarras, a la visita guiada al órgano acudieron visitantes de Pamplona y de la zona de Baztán. SALOMEA SLOBODIAN

Músicos José Luis Echechipía y Gabi Igarzabal explicaron el funcionamiento del instrumento, su historia y vinculación con el pueblo. SALOMEA SLOBODIAN

Entre los visitantes también se contaron varios músicos. SALOMEA SLOBODIAN

Realmente, ya desde el primer encuentro, Lesaka transmite su ilusión por la música con sus agrupaciones musicales y la afición de sus habitantes a lo melódico, algo de lo que fuimos testigos al formarse un improvisado orfeón en la terraza de un bar tras una comida. Lesacarra Juan Pedro afirma que “es un pueblo musical ‘a tope’” con sus txistularis, acordeones, trikitixas y coros. No obstante, echa en falta que un instrumento de tanto valor como el órgano de San Martín sea una parte musical del pueblo igual de viva y disfrutada por todos. “Yo oigo el órgano y lloro, porque los sentimientos que me transmite son de pena o de mucha emoción, dado que lo escucho casi únicamente en los funerales o bodas”, comparte su experiencia la habitante del pueblo María. Le gustaría que el instrumento se integre más en la vida cultural de la población; por ejemplo, con un número mayor de conciertos y con su estudio por los alumnos de la Escuela de Música de Lesaka

Los asistentes tuvieron la posibilidad de seguir todo el proceso del nacimiento del sonido en el complejo mecanismo del órgano. SALOMEA SLOBODIAN

Los registros, que se encargan de seleccionar el tipo de sonido o timbre deseado, en el órgano ibérico tienen forma de palancas. SALOMEA SLOBODIAN

Una de las características del órgano romántico es la existencia de al menos dos teclados: mayor (inferior) y expresivo (superior). SALOMEA SLOBODIAN

Aunque la actividad del órgano salga menos de lo que hubiera gustado del marco religioso, su voz no dejó de sonar a lo largo de los siglos. Gabi Igarzabal, coralista y presidente de la Asociación de Amigos del Órgano Roqués de Lesaka, cuenta que una de las grandes peculiaridades del pueblo es que el instrumento de San Martín de Tours ha estado siempre activo. De hecho, a pesar de la necesidad de su restauración, varios organeros que pasaron por Lesaka se sorprendieron por cómo se haya conservado el instrumento en el tiempo. La razón de esto, explica Igarzabal, es que siempre ha habido un organista que le hiciera sonar, que mantuviera su presencia en el pueblo e hiciera hablar de que "Lesaka le saca chispas al instrumento", sonríe el coralista.

Por eso la asociación del órgano lesakarra se propuso, aparte de la rehabilitación de su instrumento y la formación de los alumnos de la escuela de música, sobre todo "darle vida”. "Nos gustaría que el órgano fuese un elemento activo en la vida del pueblo ―comparte sus aspiraciones Igarzabal―, que uno suba a la iglesia a escuchar la música independientemente de sus creencias. Por eso experimentamos con las uniones instrumentales diversas del órgano en los conciertos, para mostrar qué amplio es el mundo organístico fuera de su función litúrgica, la cual sigue siendo imprescindible".  Y estos proyectos, advierte el coralista, van "cuajando" en el pueblo, cada vez más interesado por su órgano e incluso involucrado en el programa de mecenazgo para su restauración. Y esto anima a los socios, confiesa Igarzabal. "Nos hemos dado cuenta de que a raíz de nuestro trabajo como asociación, la gente se acerca, agradece, hay realmente un vínculo con el órgano más fuerte de lo que pensábamos cuando empezábamos nuestra labor".

La consola del órgano de San Martín cuenta con veinte registros repartidos entre dos teclados manuales y uno de pedal. SALOMEA SLOBODIAN


La llave de la consola del órgano de San Martín. SALOMEA SLOBODIAN

El pedalero se encarga de producir los sonidos más graves. SALOMEA SLOBODIAN

En efecto, dicha relación especial del pueblo y el gigante de tubos se adentra en un pasado remoto. Ya desde el siglo XVI, los archivos evidencian la presencia del órgano en la villa, igual que el interés de los habitantes a lo largo de las épocas por contar siempre con instrumentos de la mayor actualidad estética de cada momento. El órgano actual, construido en 1893 por los hermanos Roqués en Zaragoza, testifica la evolución de la organería ibérica mediante la influencia de técnicas propias del órgano romántico francés. De este modo, el nuevo instrumento fue dotado de unas sonoridades más redondas, timbres agudos con una mayor dulzura y registros desconocidos en el Barroco ibérico.

En esa unión de estilos organeros, el instrumento de San Martín de Tours ha conseguido integrar las características que tradicionalmente fueron separadas por las diferencias temporales o del territorio. Así, por ejemplo, su poderosa trompetería horizontal ―tan propia del órgano barroco ibérico―  se hace sonar gracias a una consola más compleja, influencia de la organería romántica francesa.

La nobleza de los timbres y la gran calidad de la construcción, tanto de la tubería como de la parte mecánica del instrumento, dotan al órgano de Lesaka de unas características irrepetibles. El minucioso trabajo de armonización demuestra sus frutos con una gran delicadeza en los juegos más suaves y un contraste de enérgica trompetería de la fachada. 


En el órgano de tubos, cada uno de ellos produce una sola nota; los tubos se juntan por familias en función de sus timbres. SALOMEA SLOBODIAN


La trompetería del órgano lesakarra es un ejemplo de la registración horizontal o "de batalla". SALOMEA SLOBODIAN


El interior del órgano esconde una red de conductos de aire que lo llevan desde el fuelle hasta los tubos para que se produzca el sonido. SALOMEA SLOBODIAN

En localidades como Lesaka, los órganos han sido durante siglos las herramientas de formación de los músicos. De ahí surgieron las ilustres figuras de Miguel Echeveste y Luis Taberna. Una pequeña reforma, asesorada por Echeveste en 1950, dotó a este órgano de un abanico de posibilidades a la hora de afrontar un repertorio más amplio. Este matiz ha propiciado que el órgano de Lesaka reúna en torno a sí no solo a los maestros dedicados al instrumento, sino también a dos coros que le añaden colorido y riqueza con repertorios heterogéneos. Así, el instrumento llegó a formar una parte indispensable de la liturgia como acompañante del canto, pero también en cuanto un instrumento solista con una personalidad destacable.


El organista José Luis Echechipía en el concierto del sábado 21 de septiembre 2019 "Rescatando esplendores". SALOMEA SLOBODIAN


La coral de Lesaka, dirigida por Marisol Pérez Olaetxea. SALOMEA SLOBODIAN

Fragmento de la decoración de la consola de órgano de Lesaka. SALOMEA SLOBODIAN

No obstante, nada hace tan especial al órgano de San Martín de Tours como su arraigo social que todavía conserva en la villa. El interés y la vinculación tanto histórico-cultural como emocional de Lesaka con su órgano presentan un reto de conservación y de transmisión de ese patrimonio a las generaciones futuras. Por eso los organistas de San Martín de Tours  —Agustín Arriola e Iratxe Etxarte— se enfrentan con la necesidad de la restauración del instrumento. Su deterioro lleva consigo una pérdida no solo a nivel cultural, sino sobre todo de algo más íntimo, que, como los canales del río Onín, ha fluido siglos desde lo alto de los tubos de San Martín de Tours hasta los corazones lesakarras.

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